Un poco de historia y actualidad del deporte argentino y mundial

viernes, 22 de junio de 2012

El ganador menos pensado



     Sin haber tenido una gran preparación, sin ninguna experiencia en el deporte, utilizando zapatillas que le habían regalado los habitantes de su pueblo natal Marousi, habiéndose clasificado en la quinta posición en la segunda carrera eliminatoria, llegando a aquella competencia convocado por quien había sido su superior en el servicio militar, un hombre que se ganaba la vida vendiendo agua y entregando cartas logró quedarse con la gloria en la maratón de los Juegos Olímpicos de Atenas 1896.
     Spiridon Louis quedó marcado en la historia del deporte tras cruzar la meta en primer lugar del estadio Panathinaiko, el 10 de abril de aquel año, luego de correr 40 kilómetros en 2h 58´ 50”.
     En esta competencia, el griego no era favorito, pero sin embargo se quedó con el oro venciendo a varios atletas de renombre como al francés Albin Lermusiax y al australiano Teddy Flack, quienes habían logrado medallas en carreras de menor distancia.
     Además, se impuso a su compatriota Kharilaos Vasilakos quien había ganado la prueba de maratón en los Juegos Panhelénicos y en el certamen olímpico terminó segundo siete minutos más tarde.
     “Spyros”, quien por aquel entonces tenía 25 años, obtuvo la primera medalla dorada para su país y no volvió a competir nunca más.
     Luego de su victoria volvió a Marousi, a trabajar como granjero y más tarde como agente de policía. Allí, se vio colmado de atenciones y regalos. Le ofrecieron servicios inverosímiles tales como poder ir gratis a la peluquería de por vida, alimentos y transportes sin ningún costo.

     Un reconocimiento importante le llegó 40 años después cuando fue nombrado presidente honorario de la delegación griega de los Juegos de Berlín 1936.
     Louis falleció en 1940, pero su mito sigue vivo, sobre todo  en Grecia, cuando en 2004 volvió a albergar una edición olímpica y bautizó el estadio de Atenas con su nombre.

jueves, 21 de junio de 2012

Sueño mundial



     Las calles están colmadas de gente. Te encontrás con tus vecinos, tus compañeros de escuela y hasta con algunos de tus profesores del colegio. Todos caminan hacia el mismo lado. Vas de la mano de tu papá hacia el estadio, mientras él te cuenta que hace más de 50 años vivió la misma escena, pero tu abuelo era quien le indicaba el camino.
     Los vas a ver ahí, en vivo. Los mejores futbolistas del planeta brindando un espectáculo que jamás olvidarás. Tal vez tengas la oportunidad de conseguir algún autógrafo, o por qué no la camiseta de algún jugador.
     Mientras avanzás, te crusás con un kiosco. Con los dos reales, que tenés en el bolsillo, te comprás unas golosinas y seguís tu marcha.
     El estadio ya se puede ver. Las gigantes columnas, que parecen diminutas desde la ventana en tu casa de la favela, están enfrente tuyo.
     Tu papá saca las entradas, se las muestra a un hombre que viste un chaleco verde. Éste, luego de revisarlas, les cede el paso.
     Ya está, entraste, estas ahí. Tanto te hablaron, tanto te contaron, y lo vas a vivir en cuestión de segundos. Estás en un Mundial.
     Los gritos de la gente te marean un poco, cerrás los ojos para ignorarlos, pero cuando los abrís volviste a la realidad. Estas en tu cama acostado.
     Hace frío y escuhás a tu mamá charlando con tu hermana mayor en otra habitación. Ella le cuenta que parece que los van a desalojar porque ahí molestan. Vos no entendés nada. ¿Molestás? ¿A quién? Decidís quedarte entre las sábanas y prestar atención a la charla.
     Tu madre explica que el Mundial llegó y que se van a tener que ir. Que los extranjeros necesitan donde hospedarse y que planean construir un hotel cinco estrellas donde hoy está tu barrio.
     Vos te preocupás mucho, entonces te levantás y vas hasta la cocina. Interrumpís la charla y pedís que te expliquen que ésta pasando. La única respuesta es el silencio.
     Parece ser que lo que ocurrió en tu cabeza hace unas horas, allí se va a quedar. Fue solo un sueño, la realidad es otra. No sólo te vas a tener que ir de tu casa, sino que además, el Mundial lo vas a ver por televisión o lo vas a escuchar por radio, porque el sueldo de tu padre no es suficiente para conseguir una entrada.
     Ahí te das cuenta que te mintieron. La Copa del Mundo es una farsa, porque sólo los que tienen mucha plata pueden ir. ¿Y a vos qué te toca? Estás dejando tu casa para que el gobierno organice un evento del cual vos y tu familia están afuera.
    


     Brasil será anfitrión de la Copa del Mundo en 2014, pero el pueblo brasileño no será local.

miércoles, 20 de junio de 2012

No vale



     Estás sólo, pedís la pelota. Una vez que la recibís, con un caño de esos que se escucha el “OOOOLEE” en las tribunas dejás en el camino a un rival. Levantás la cabeza, tenés unos metros libres para seguir con el balón.
     Una vez que pasás mitad de cancha, se la cedés al 10 y corres rápido pegado a la linea lateral, para desmarcarte y mostrarte devuelta. Sabes que le comiste la espalda a tu marcador, por eso comenzás a cerrarte y levantás la mano para pedir la devolución del esférico.
     El enganche, jugador más hábil de tu equipo, luego de pasar entre dos jugadores, te la devuelve con un pase entre lineas de esos que hace parar a más de un plateísta.
     La frenás con la cara interna del pie izquierdo. Llegó el momento. Ese segundo en que te das cuenta que el defensor lateral contrario está detrás tuyo y sabés que es imposible que te alcance. Ese segundo en que mirás al central rival que viene como loco hacia vos con la idea de clavar sus tapones en tu rodilla con tal de frenarte. Ese segundo en que la platea grita “¡PEGALE!”.
     Mirás al arquero, quien ya te estaba observando previamente, porque él sabía que este momento iba a llegar. Seguís contemplando el arco y ves libre el segundo palo.
     Inclinás tu cuerpo hacia la derecha y sacás un remate que va hacia la red. Ya todo el estadio mira de pié y en silencio la trayectoria del balón que comienza a cerrarse.
     El arquero despega sus pies del piso y se estira lo más que puede pero sabe que no llega. Su vuelo es invadido por flashes de todos los sectores de la cancha, porque hasta los fotógrafos se dan cuenta que va a ser gol.
     La pelota pega en el travesaño, pica dentro del arco y es devuelta al juego por un defensor con el número dos en su espalda.
     La hinchada festeja. El arquero se agarra la cabeza. Los relatores inflan sus gargantas al grito de “GOOOOOLAAAAAZOOOO”.  
     Vos salís corriendo a festejarlo, es tu primer gol en Primera División. Tus compañeros atinan a abrazarte. Pero el sonido del silbato nunca se escucha.
     El árbitro está levantando su manos en señal de que el balón no ingresó. El juez de linea apoya la decisión de su compañero indicando que el defensor la sacó sobre la raya.
     Dos minutos después termina el partido igualado 0 a 0. Nunca más vas a poder repetir esa jugada, ese gol que te quitaron nunca te lo van a devolver. Podrás hacer 100 goles, pero como ese jamás.

    PARA ALGUNAS JUGADAS LA TECNOLOGÍA EN EL FÚTBOL ES IMPRESCINDIBLE.

martes, 19 de junio de 2012

Periodismo Puro



     No se puede. No hay manera. Es imposible. Es de ignorante. Si su apellido es sinónimo de deporte. Sino es el único, es el mejor. Capaz de contarle a una cámara de televisión durante un mes la historia los Juegos Olímpicos y de cada atleta que alguna vez participó en ellos. Sería negar la realidad, hablar sobre periodismo argentino y ni siquiera mencionarlo.
     ¿No sabes de quién se trata? A ver... Debutó en la pantalla chica en el programa de Marcelo Tinelli, VideoMatch. A partir de allí, condujo más de diez programas en televisión y uno de los más recordados es Orsai, en donde hizo dupla con Roberto Pettinato.
     ¿Otra pista? En la vitrina de su living tiene guardados cuatro premios Martín Fierro, dos por mejor programa deportivo, Planeta Bonadeo y Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010, y dos por mejor transmisión deportiva, una en los JJOO de Beijing 2008 y la otra en la Copa Davis del 2010.
     ¿Seguís sin sacarlo? La profesión parece que le viene de sangre, su padre fue un gran periodista y fue él quien le consiguió un puesto en el diario La Nación en 1981. Luego partió hacia la revista El Gráfico, trabajó en Olé y en el diario Perfil.
     Última ayuda. Su contextura física no le permitiría ser modelo si así lo deseara, aunque eso no le impidió conducir un programa en ropa interior, luego de perder una apuesta cuando Argentina le ganó a Uruguay 1 a 0 en el Centenario y se clasificó a la última Copa del Mundo sin jugar el repechaje.
     Ya está, seguro que ya lo sacaste. Sí, es él. Ese que a pesar de haber trabajado en televisión y diario, admite sentirse más cómodo en radio, donde el rating no es tan molesto.
     ¿Hace falta nombrarlo? Ya no se requiere decir su apellido, porque todos saben de quién se trata. Lo que sí es necesario es agradecer que es argentino y que con 49 años todavía se puede seguir aprendiendo de él.
     Después de todos estos años se puede afirmar que, cuando se habla de Gonzalo se habla de periodismo puro.

lunes, 18 de junio de 2012

Juan Carlos Zabala, “El Ñandú Criollo”


    Juan Carlos Zabala ganó la maratón de Los Ángeles 1932 y se convirtió en uno de los atletas más importantes de la historia argentina.

     Tal vez no tenga una razón para correr como la tiene el ñandú, ave sudamericana que utiliza sus largas patas para evitar convertirse en carne o en plumero. Quizá apresura sus pasos para escaparle a la angustia y al medio, sentimientos que lo acompañaron a lo largo de su infancia en el hogar para huérfanos de Marcos Paz, “Ricardo Gutiérrez”.


     Fue en ese orfanato donde Juan Carlos Zabala ganó sus primeras carreras y donde conoció a su entrenador, en aquel momento profesor de educación física, Alejandro Stiriling. Él fue quien lo llevó a competir primero en colegios, cuando el joven de apenas 15 años tenía tiempo de burlarse de sus rivales, hacerle gestos y hasta tocarlos para luego escapar hacia la meta en soledad.
     Al cumplir los 19 años viajó a Checoslovaquia para enfrentar a rivales de jerarquía. En su primera carrera obtuvo un confortable tercer puesto y en la maratón se quedó con la primera posición, igualando el record europeo de aquel momento.
    
 Pero sin dudas su punto culmine fue en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932. Hasta ese momento las maratones habían sido ganadas por europeos de aproximadamente tres décadas de vida, que marcaban como error partir en primer lugar. Zabala rompió con esas realidades en 2h 31' 36”. Con 20 años y arrancando por delante de sus rivales, el argentino llegó con una ventaja de 20” sobre el británico Samuel Ferris y obtuvo el oro.
     A pesar de estar los siguientes dos días sin apoyar los pies y postrado en una cama durante 24 horas, Zabala tuvo tiempo de festejar el triunfo en Hollywood. El atleta estadounidense, Jesse Owens, lo invitó a la ciudad del cine americano y le presentó a la famosa actriz Ginger Rogers. Aunque su corazón estaba guardado para alguien más.
     Elsa B. de Zabala fue quien conquistó el amor del maratonista. Vecina de Buenos Aires, pero nacida en Dinamarca, se ofreció para ser la traductora del rosarino en una competencia en su país de origen. París es la ciudad del amor, pero fue Copenhague, capital fría del norte de la Península de Jutlandia, donde el calor entre ambos derivó en un casamiento años más tarde.
     Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 no lo tuvieron como protagonista, ya que una lesión lo obligó a abandonar la maratón.  Zabala decidió quedarse en Alemania un tiempo y allí se recibió de piloto y profesor de educación física. Mientras tanto, en Argentina la película “Y mañana serán hombres...” contaba su historia.
     Una foto en donde aparecía rodeado de niños alemanes con el brazo derecho extendido hacia arriba con el puño cerrado, complicó el regreso de Zabala al país, creyendo que era comunista. Pero luego de explicar que los chicos festejaban su victoria en una carrera a beneficio para un hogar de huérfanos, el rosarino pudo regresar a su país natal a descansar.
     Finalmente, el 24 de enero de 1984, "El Ñandú Criollo", cómo lo apodó el diario Crítica, dejó de correr para siempre y sus pasos quedaron marcados en la eternidad del atletismo argentino.